Muerte de un inmortal
Un automóvil clásico cubano —uno de esos almendrones que sobreviven como reliquias de otra época— permanece averiado e inmóvil frente a la Plaza de la Revolución de La Habana, bajo la monumental mirada de Ernesto «Che» Guevara.
La imagen enfrenta dos símbolos de permanencia. Por un lado, el mito político construido en torno a la inmortalidad de la Revolución; por otro, el viejo automóvil estadounidense de los años cincuenta, convertido con el tiempo en un emblema involuntario de resistencia, pero también de estancamiento.
Incapaz de continuar su camino, el vehículo averiado se convierte en una metáfora visual del desgaste: un país suspendido entre la memoria, los grandes relatos y el deterioro de la vida cotidiana. Más que ofrecer respuestas, la escena invita a reflexionar sobre el paso del tiempo, las promesas de la historia y aquello que perdura únicamente porque nunca pudo ser reemplazado.


Fotografiada en La Habana, esta obra habita el espacio donde el documento se encuentra con el símbolo, y donde la observación periodística da paso a una interpretación visual de una realidad compleja.
